Dos ingenieros que además escriben el software.
Advantage Consulting. Córdoba, Argentina. Sin intermediarios: los que releva tu operación son los mismos dos que la implementan.
Somos dos ingenieros industriales. Entramos a medir la operación real —la de piso, no la del manual—, rediseñamos el flujo y, cuando el problema lo pide, dejamos el software andando: SaaS a medida e IA aplicada, exactamente donde mueve el número.
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Si estás decidiendo a quién llamar, esto es lo que necesitás saber: cómo entramos, qué tocamos y con qué te quedás cuando nos vamos.
Advantage Consulting. Córdoba, Argentina. Sin intermediarios: los que releva tu operación son los mismos dos que la implementan.
Tiempos, recorridos, esperas, reprocesos. El proceso real, no el que dice el manual. De ahí sale todo lo demás.
Sacamos el desperdicio primero. Automatizar un proceso malo sólo hace que el desastre llegue más rápido.
Siete productos propios en la calle. El sistema se adapta a tu operación, nunca al revés.
No un informe en un cajón: un número mejor, un tablero que se mira todos los días y gente entrenada para operarlo.
Presentación animada · 05 escenas en bucle continuo
La consultoría que entrega sólo un informe deja el trabajo a mitad de camino. Nosotros cerramos el círculo: medimos, rediseñamos y, si la herramienta no existe, la escribimos.
Relevamiento en piso, mapa de flujo de valor y cuellos de botella con números arriba de la mesa. Salís con un plan priorizado por impacto, no con un PDF de 90 páginas.
El dato que ya existe, ordenado. Indicadores que se miran todos los días, alertas que llegan antes que el problema y una sola fuente de verdad para todo el equipo.
Cuando el volumen la justifica: asistentes que atienden y derivan, clasificación de documentos, pronóstico de demanda. Con criterio de ingeniería, no por moda.
Diseño, desarrollo, puesta en marcha y soporte. Siete productos propios nos dieron el repertorio para no arrancar cada proyecto desde cero.
Todo proyecto arranca fijando qué KPI se mueve, cuánto y para cuándo; y termina cuando ese número se sostiene solo. Esto es cómo se ve un tablero nuestro a los tres meses de implementado.
Disponibilidad × rendimiento × calidad, medido turno a turno.
Pedidos completos y a tiempo sobre el total.
Del pedido a la entrega, esperas incluidas.
Faltantes en góndola o en punto de venta.
Cuánto capital queda inmovilizado.
Antes de tocar nada acordamos la fórmula, la fuente del dato y quién la carga. La mitad de los tableros que encontramos miden mal, no miden poco.
Cada KPI tiene nombre y apellido, frecuencia de revisión y un umbral que dispara acción. Sin dueño, el número se mira y no se hace nada.
El tablero no es el entregable: el entregable es la reunión de quince minutos donde el equipo decide qué corregir esta semana.
Cada etapa termina con un entregable concreto y una decisión de seguir o parar. Nadie firma una implementación antes de ver los números del relevamiento.
Vamos al lugar. Medimos tiempos, seguimos el flujo, hablamos con quien opera. Salimos con el proceso mapeado y los desperdicios cuantificados.
Proponemos el proceso objetivo y decidimos qué se resuelve con organización y qué necesita sistema. Con alcance, costo y retorno estimado.
Ejecutamos junto al equipo del cliente: procedimiento nuevo, capacitación y —si corresponde— el software desarrollado e integrado.
Acompañamos los primeros meses con el tablero prendido. Si el indicador no se movió, volvemos sobre el diseño. Ese es el trato.
Cada uno nació de un proyecto de consultoría donde la herramienta que hacía falta no existía o costaba más de lo que resolvía. Los diseñamos, los desarrollamos y los operamos nosotros: por eso los moldeamos a la operación de cada cliente en lugar de pedirle que se acomode al producto. Los que ya tienen sitio propio se abren tocando la tarjeta.
Gestionador de proyectos y tareas para equipos que trabajan por obra o por cliente. Planificación, asignación, carga de horas y control de avance contra el plan, con alertas cuando una tarea empieza a desviarse. Es la herramienta con la que corremos nuestros propios proyectos: está pensada para el que ejecuta, no para el que reporta.
Costo por kilómetro real de cada unidad: viajes, rutas, consumos, odómetro y matriz de costos. Hoy corriendo sobre la operación de Cordiez.
Software para nutricionistas: historia clínica, antropometría, armado de planes alimentarios y seguimiento del paciente entre consultas, desde el celular.
El taller entero, de la patente a la factura: recepción del vehículo, orden de trabajo, repuestos, mano de obra y facturación en un solo hilo.
Atención por WhatsApp con IA: responde lo repetitivo, deriva lo que necesita una persona y deja todo registrado y medible.
Gestión integral de consultorio para terapeutas: turnos con recordatorio automático, ficha clínica, finanzas y portal del paciente, con la privacidad como requisito de diseño.
Gestionador de activos financieros: cartera consolidada, posiciones, rendimiento por instrumento y exposición real en un solo panel.
El sistema se adapta a tu operación.
Nunca al revés.
Nadie tiene que reescribir cómo trabaja para que entre una herramienta. Relevamos el circuito real —con tu vocabulario, tus excepciones y esa planilla que hace veinte años sostiene todo— y el software se construye alrededor de eso.
Por eso desarrollamos productos propios en vez de revender licencias: cuando el sistema es nuestro, la personalización no es un extra que se cotiza aparte, es el trabajo.
Dos socios, no un pool de juniors. El que releva es el mismo que implementa, y el que implementa es el que te atiende el teléfono seis meses después.
Ingeniería industrial de formación, producto y desarrollo por oficio. Esa combinación es la razón por la que podemos rediseñar un proceso a la mañana y estar escribiendo el sistema que lo sostiene a la tarde.
Los dos hacemos lo mismo: relevamiento en piso, diseño del proceso, desarrollo del sistema e implementación. No hay un socio comercial y un socio técnico —el que te visita la planta es el que escribe el software y el que te atiende el teléfono seis meses después.
Una charla de 45 minutos alcanza para saber si hay un proyecto acá. Si no lo hay, te lo decimos en esa misma reunión.